Un correo de Lantana Blanca desencadenó una serie de asociaciones de esas que de pronto organizan lo desorganizado.
En 1999, el Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM, realizó una muestra sobre Infancia y Arte Moderno, cuyo catálogo, con Introducción de Carlos Pérez, recoge los afanes de las vanguardias por empezar su tarea de renovar el mundo desde el principio, es decir, desde la infancia. Con una idea similar, a fines de 2010 se inauguró en el Museo Picasso de Málaga la exhibición Los juguetes de las vanguardias. Los curadores, o como dicen en España, los comisarios, fueron José Levrero Stals y Carlos Pérez. Entre todas las actividades diseñadas para acompañar la muestra hubo un Seminario de Arquitectura, infancia y juguetes de vanguardia, coordinado por el director de la escuela de Arquitectura de Málaga.
Esto me recordó una de las muestras del 2010 del V&A Museum of Childhood, Cut it, Fold it, también del año pasado, que exhibió una colección de modelos arquitectónicos para armar, impresos en cartón y papel. Los chicos podían, en sus visitas al museo, armar algunos de esos edificios con ediciones facsimilares.
De ahí a las casitas de juego que ha creado Smartplayhouse, inspiradas en la mejor arquitectura del mundo, hay un paso. Se pueden ver en el sitio de la compañía y por más que me moleste la palabra "smart" adosada a los productos para chicos como una garrapata vampira, no puedo dejar de reconocer que la gracia un poco delirante de estas casitas, sobre todo del modelo Kyoto, superan cualquier intento por volverlas racionales.
Hay más de infancia y vanguardia en el sitio de Watermelon Cat, que es más que una empresa dedicada a fabricar y comercializar juguetes. Junto con información, reflexiones acerca del uso de los juguetes y clarificadores instructivos para fabricar piezas artesanales con cajas de cartón (que contra toda presunción permiten hacer juguetes caseros que se ven lindos), en su sección Clásicos están reunidos -como para abarcarlos de un solo vistazo- los mejores y más bellos juguetes diseñados por artistas y movimientos de vanguardia. Célebres piezas de Bauhaus, Eames, Mari, Calder y Torres García -entre otros- inspiran evidentemente a los diseñadores actuales, de ahí que en el mismo sitio se puedan apreciar algunos juguetes nuevos tan interesantes y bien pensados como aquellos.
Hace poco tuvimos la suerte de ver en Buenos Aires uno de esos juguetes vórtices, capaces de concentrar en un mínimo espacio amplios mundos en apariencia diferentes como infancia, arte y vanguardia. Casi eclipsado por el esplendor de tantas maravillas reunidas en Fundación Proa para la incomparable muestra El Universo Futurista, estaba El Director de Orquesta, de Gerardo Dottori, realizado en 1928. Es que al lado de las espléndidas pinturas, sus opacas piezas de metal y madera, sus menos de 40 cm, lo volvían un poco escurridizo a nuestros ojos deslumbrados. Pero no es justo confundirse, este juguete-escultura es como una preciosa enana blanca, quizás brille menos que otras estrellas, pero es completamente denso de sentidos.
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